lunes, 23 de noviembre de 2009

Cuando te encuentre te haré pedazos

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Cuando te encuentre te haré pedazos
(por Emilio Nicolás)






Como dos niños que apenas conocen el mundo estaremos los dos, el día en que te encuentre. Porque no sabes aún que estoy en tu búsqueda, revisando cada espacio que me quede por espiar, entre los árboles más espesos y petrificados y con el rostro helado. Como dos niños seremos que no entenderán nada, y sonreiré vilmente pues mi hazaña estará hecha, y sonreirás de la misma manera para verme enojado.

Entonces te tomaré debajo de los brazos y si la fuerza me ayuda, te daré vueltas. Si no puedo lograrlo, lo haremos a la inversa, y giraré sobre tu eje sin dejar de clavar mis pupilas en tus ojos, tan profundos y alterados. Entonces caeré al suelo y el colchón de hojas muertas se desarmará, y de pronto el silencio entre nosotros se hará notar. No quedará por decir, si todo lo que habríamos de contar ya dicho habrá estado.

Aún así querré oírte, y perdón si me quedo dormido en medio de tu relato, es que estaré tan cansado. Pero me bastará con mirarte mover los labios y desencajarme del espacio, permitiré que mis oídos se ensordezcan y en un ensueño te diré que sí a todo sin entender de qué estás hablando. El mundo se acelerará bajo nuestros pies, o girará despacio, no lo sé, pero cambiará cuando nuestros cuerpos hayan colapsado. Te golpearé fuerte por tanto haberte esperado, si sangras lameré tu herida y te abrazaré fuerte si te quedas mareado.

Por las noches nuestra manta será el cielo estrellado, pero quisiera que llueva fuerte y poder verte empapado, no es que quiera verte enfermo o a lo sumo resfriado, quiero saber qué se siente beber de la lluvia cuando sale de tus labios. Y reiré si estornudas y me quedaré a tu lado.
Te haré conocer cada una de mis locuras y haré que te acostumbres a ellas. Bailaré en los momentos tristes y cantaré fuerte si tienes que hablar de algo importante. Quiero ser tu amante y quiero que seas el mío, quiero que veas la magia que en mí tanto he reservado, y correr lejos de ti cuando te hayas quedado dormido y volver a acurrucarme en tu cabeza antes de que te hayas despertado.

Decirte que estuve allí toda la noche sin pegar un ojo por verte descansando. Desconfiarás de mí y aprenderás mi dulce estado. Me creas o no, cuando te encuentre estaré enamorado, y no miraré más que tus ojos y tu cuerpo cansado. No habrá alguien más que me provoque tal estado, de querer volar alto y robarte un avión privado, sólo me iré por las noches para bailar desenfrenado, a celebrar con la luna y con el silencio que por fin te he encontrado.

¿Por qué desconfías así? De no quererte conmigo ya te habría desechado, pero es que así como te amo, la libertad me han regalado, y soy libre de escapar para pensar en ti a solas, y volver a donde yaces y repetirte que te amo. Cuando te encuentre, envolveré este poema en el más recóndito de los jardines espinados, para decirte que lo busques y luego verte ensangrentado. Y cuando lo leas huiré de nuevo hasta que lo hayas terminado (sabrás que soy tímido y que no querré que lo leas a menos que me haya marchado)

Pero no te preocupes, y no sé para qué lo digo, sabés que volveré, siempre vuelvo, es la libertad de quererte la que me hace desafiar mis alas y marcar el camino hacia donde te he encontrado.

Es mi forma de amar la que me ha marcado, miles de plebeyos de mí han escapado, y sus huellas en el barro con el tiempo se borraron. ¿Crees que lloré por ellos? Te mentiría si no lo hubiese hecho, pero es que siempre supe que el más alocado de los caballeros vendría aquí para competir locura con locura, mano con mano.

Entre los dos nos haremos caras y desafiaremos al más osado, a que aguante un segundo en medio de nosotros, peleando.

Cuando te encuentre, así como yo, como te he soñado, cuando te encuentre, repito, te golpearé tanto...


¿Por qué me haces esperar? ¿Acaso te hice algo malo?





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